miércoles, 1 de enero de 2014

Las series de nuestra vida: "SWAT (Los hombres de Harrelson)"

FELIZ AÑO NUEVO A TOD@S.

Comenzamos el 2014 quizás de la mejor manera que podríamos haberlo hecho: recuperando la labor de este blog.

La memoria tiene la sorprendente capacidad de albergar en un recóndito rincón, de los innumerables que con toda seguridad posee, una minúscula pero perdurable pizca dedicada a muchos de nuestros más tempranos recuerdos. De aquellos lejanos años en que todo nos parecía mágico y aprendíamos algo nuevo casi cada día conservamos apenas y de modo muy difuso infantiles vivencias y pueriles anécdotas,  pero curiosamente cuando estos recuerdos inciden en un libro, un cómic, una película o una serie de televisión que nos marcara o impactara, a la postre se hacen aún con el transcurrir de los años más vívidos y sólidos que los que mantenemos de nuestra infancia sin más, aunque es también evidente que todos tenemos recuerdos más o menos agradables de críos que se nos quedaron grabados y no tienen nada que ver con la tele o los tebeos... Sin embargo, estoy plenamente convencido de que la gran mayoría de nosotros (sobre todo si son de mi generación :D)  conservamos muchos de nuestros más gratas evocaciones asociadas a uno o varios medios que nos ofrecieron eso tan valioso (y que tanta falta hace en la actualidad) de soñar despiertos en innumerables ocasiones, y en el caso de los de mi quinta, exentos de tablets, móviles, internet, consolas y toda la tecnología de ahora, quedaban determinados en el ámbito doméstico en un singular triunvirato: los libros, los tebeos y la televisión. Sobre todo esta última.

Durante la segunda mitad de los setenta, una precaria televisión en blanco y negro con dos canales nos maravillaba cual si irradiara miríadas de colores a través de su tubo catódico. Y esto era así porque los programas que por entonces se emitían, y sobre todo sus series, nos mantenían pegados a aquella caja denominada tonta pero que sin duda era más inteligente que ahora. Además de nuestras valiosas y propias aportaciones en el campo de las series (encabezadas por cierto bandolero andaluz), del otro lado del charco nos llegaron por aquellos años un trío de guapísimas detectives, otro no tan guapo y más bien desastrado, y un compañero suyo sin un pelo de tonto y adicto a los chupa-chups. También irrumpieron un dueto de intrépidos policías en un maravilloso bólido rojo, y otro de origen italiano y más conocido por el arma que portaba que por su nombre (¿o era acaso lo mismo?), y detrás, tan frenéticamente como estos, corría por las calles de Los Ángeles un furgón azul con cinco bravos agentes de la ley en su interior.

Uno puede conservar variados detalles de los primeros años de su infancia, pero evidentemente, con incuestionados límites. De aquellas series conservo ciertos recuerdos de sus emisiones originales, pero todos son difusos y efímeros; son recuerdos centrados en un personaje o personajes, en los vehículos que alguno conducía, su vestimenta o su carácter, pero lo que probablemente más recuerda uno de aquellas vetustas series sea precisamente cómo empieza, es decir, su cabecera; esa atrayente intro de pegadiza sintonía que nos presentaba cada episodio de la serie en cuestión, y en este sentido la que más nos dejó indefectiblemente marcados fue sin duda "SWAT", más conocida por estos lares como "Los hombres de Harrelson".

De "SWAT" he de reconocer que, a excepción de la cabecera (de la cual mi memoria resguardó con los años algunas de sus imágenes y sobre todo, la genial sintonía), no recuerdo absolutamente nada de su primigenia emisión... Por supuesto sabía que el jefe del grupo se llamaba Harrelson, por motivos que huelga explicar, pero de los demás miembros ni del entorno en que se desenvolvían nada recordaba. Eso sí, sabía que me gustaba una barbaridad porque no deseaba perderme un solo capítulo; jugaba con los amigos en la calle a "Los hombres de Harrelson" e incluso mis padres llegaron a regalarme un equipo de juguete similar a los que empleaban los miembros de esta unidad especial, con su gorra azul, su fusil y su cuerda para escalar y todo, atado todo ello con bridas a un fino cartón que estaba ilustrado con un espectacular dibujo de dos de los intrépidos policías en acción; un juguete con toda probabilidad made in China que me ilusionó sobremanera y que seguramente afianzó aún más mi infantil devoción por la serie.

Cuando uno ya alcanza una edad con mitificados tintes sombríos ("¡Los cuarenta! Estás ya para el arrastre...!") la nostalgia. a la que antes podíamos aludir de modo anecdótico mientras adquiríamos cierto grado de  madurez, se convierte entonces y sin poder evitarlo en un referente imprescindible al que te agarras a veces casi de modo desesperado porque consideras que se ha apoderado de los mejores momentos de tu vida. Es por eso que en ocasiones deseas revivir esos momentos; volver a ilusionarte con aquello que un día te hizo feliz, te hizo soñar, te invitó a entrar en un mundo del que jamás pudiste -ni quisiste- salir... Cierto es que con según qué cosas la revisitación se puede convertir en un acto imposible y a veces poco juicioso; hay recuerdos que deben quedarse enclavados en el tiempo en que existieron porque fuera de él carecen por completo de sentido, pero otros perfectamente pueden volver a vivirse plenamente a pesar del vertiginoso e indefectible cambio de los tiempos. Así que, y remitiéndonos a todo lo anterior, hace ya algunos meses, en un día inconcreto pensé: "¿por qué no volvemos a ver "Los hombres de Harrelson"?" Y eso es justamente lo que hemos hecho.

En un principio empecé a ver "SWAT" como una mera curiosidad; visionar el primer episodio y si acaso un par más, con el objeto de reencontrarme superficialmente con la serie y comprobar cómo la había tratado el tiempo, sin una intención sólida de ir más allá. Sin embargo, la positiva impresión que me causó el episodio piloto, el nostálgico encanto que sin duda irradiaba, permitió el ver con ganas el siguiente, y el siguiente, y el siguiente... Así, hasta ver íntegras las dos temporadas de que consta la serie, manteniendo durante su visionado (raro en mí, lo aseguro) una fidelidad absolutamente tenaz con la misma. Cada sábado por la mañana acudía a mi cita ineludible con "SWAT", como si de una original y añeja emisión televisiva se tratara, como si con ello pretendiera potenciar aún más su incuestionable encanto, una quizás pueril intención que, a juzgar por el éxito total de la reposición, cumplió sobradamente con su cometido.

La serie fue concebida por Aaron Spelling, un archiconocido productor televisivo artífice de un buen número de series con las que hemos crecido (y algunas soportado) desde la segunda mitad de los setenta hasta bien entrados los noventa. El título original hace referencia a la unidad especial de la abrumadora mayoría de los cuerpos policiales norteamericanos (Special Weapons And Tactics), un grupo especial encargado de desbaratar situaciones de extrema peligrosidad frente a las que la policía convencional se ve incapacitada. Como bien indica su título en español, la serie narra las aventuras de un concreto grupo de esta élite policial, un equipo liderado por el teniente Dan Hondo Harrelson (Steve Forrest, actor de reconocida trayectoria, fallecido el mes de mayo del pasado año), y que está formado por otros cuatro agentes seleccionados personalmente por este en base a su alto nivel de cualificación: el sargento David Kay (Rod Perry) y los oficiales Jim Street (el también malogrado Robert Urich), Dominic Luca, de ascendencia italiana (Mark Shera) y T.J. McCabe, el tirador de precisión del grupo (James Coleman). Precisamente este personaje y su especial cometido en el grupo harán célebre una frase supuestamente puesta en boca de Harrelson en el momento en que van a entrar en acción: "T.J., al tejado". Sin embargo, rara es la ocasión a lo largo de toda la serie que el teniente pronuncia literal y tan escuetamente esta frase a su subalterno. En cambio, sí le insta a que tome una posición elevada o que incluso suba a un determinado tejado pero añadiendo además otras indicaciones.

La serie, como ya he indicado, constó de dos temporadas (37 episodios en total), ambas emitidas por la cadena ABC desde febrero de 1975 hasta abril de 1976. En España nos llegó en las postrimerías de la década de los setenta y se convirtió en un éxito abrumador, mayor incluso que en su país de origen, Como no podía ser de otro modo, el merchandising relacionado con la serie hizo acto de presencia a través de revistas, álbumes de cromos y, claro está (yo los tuve :D), juguetes. Las andanzas del grupo de Harrelson se desarrollan en una indeterminada ciudad de California, aunque todo en el show parece indicar que se trata de Los Ángeles, y siguiendo las directrices de otras series similares de aquellos años, cada episodio narra un conflicto diferente al que deben enfrentarse Harrelson y sus hombres, aunque la segunda temporada contó con dos especiales ("Marea mortal" y "El fugitivo"), divididos ambos en dos partes.

El esquema de los episodios era muy similar entre ellos; generalmente empezaban con una acción aislada, muchas veces sin relación con la trama central de los mismos a la que se enfrentaba el equipo de Harrelson, y después encaraban el problema principal planteado en el capítulo en cuestión; ninguno fue especialmente destacable. Como regla general, la ingenuidad fue una constante en las tramas de la serie; muchas veces las tan conflictivas situaciones se resolvían con una simpleza que harían hoy ruborizarse a cualquier guionista televisivo, pero que el carisma de los personajes ayudaba sin duda a disimular. Como nota curiosa hay que reseñar que la serie fue en su momento duramente criticada por diversas asociaciones conservadoras norteamericanas a tenor de su excesiva violencia, hasta el punto de calificarlo como uno de los programas más violentos que se habían emitido por televisión... Una violencia que a la postre no era mayor que las que presentaba otros productos televisivos de la misma época y similares características y que hoy día, viendo cualquier serie actual, resulta incluso altamente pueril e irrisoria. Tal avalancha de reprobaciones (y no una pobre audiencia) empujaron a los directivos de la ABC a provocar la cancelación de la serie tras el final de la segunda temporada. No obstante, la serie ya se había hecho un hueco permanente en la mitomanía televisiva.

Es indudable que además del carisma de sus personajes (en especial Harrelson) y las diversas adversidades a las que se veían sometidos los integrantes del grupo, al merecido éxito que se ganó la serie ayudó la maravillosa banda sonora compuesta por Barry deVorzon, una pegadiza sintonía que seguro que muchos de los de mi quinta tarareamos incansablemente de críos, y que se recuperó para la olvidable versión cinematográfica del clásico show estrenada en 2003 y protagonizada por Samuel L. Jackson y Colin Farrell.



Esta enérgica musiquilla queda así ligada para siempre a una minúscula pero no por ello olvidable porción de nuestra infancia, más bien al contrario; al escucharla nos remite, no sólo a la serie que introducía, cuyos detalles nos ha sido imposibles de conservar y que ahora hemos recuperado, sino sobre todo a unos años llenos de ingenuidad, esperanza y sueños por cumplir... Algo que la reposición de "SWAT", aunque sólo haya sido durante efímeros cincuenta minutos a la semana, nos ha devuelto.

martes, 17 de septiembre de 2013

Si Clayton Moore levantara la cabeza...

Debe ser  que este que escribe, espectador incansablemente rendido a la magia del cine desde muy temprana edad va sumando años, y por tanto sus preferencias en cuanto a dicha afición se han visto modificadas a veces de manera consciente y otras no tanto; o bien que a pesar del abrumador despliegue de recursos, el cine actual, sobre todo el dedicado a la más pura evasión, se halla, al menos en mi opinión, permanentemente enfermo a causa de una total falta de imaginación y una terrible previsibilidad, o quizás haya que sumar todo lo anterior para explicar porqué ninguna de las últimas veladas cinematográficas a las que he asistido (o bien me han “obligado” a asistir por el ineludible motivo de ser padre) ha colmado mis expectativas… Especulaciones aparte, lo que sí puedo afirmar rotundamente es que las dos sensaciones que más me han dominado en mis recientes incursiones al cine han sido: primera, una indudable decepción por lo visto en la pantalla, y segunda (y como evidente consecuencia de la primera), el hecho de que me he vuelto, a mi parecer, muy exigente, no sé si con o sin razón.

En un periodo estacional como el que estamos a punto de concluir, el veraniego, donde nos bombardean sin piedad con presuntamente suculentos y grandilocuentes estrenos que han de cumplir con el más que complejo objeto de entretenernos, lo cierto es que tal alud de productos audiovisuales que prometen espectacularidad a raudales al final queda en mísera llovizna que con notable esfuerzo llega a satisfacer mínimamente, dejándote muchas veces con la amarga impresión de haber sido engañado. Es verdad que en algunos de estos rimbombantes films se aprecia el loable esfuerzo por contentar al espectador, pero ello no evita muchas veces que, a la hora de analizarlo en su conjunto, el resultado final sea decepcionante… O quizá no, todo es posible; es aquí en definitiva  donde entra, de modo totalmente subjetivo, el nivel de exigencia de cada uno a la hora de acudir a una sala de cine.

Y yo, como comentaba más arriba, debo tenerlo por las nubes, porque desde hace meses no veo una peli en el cine de la que pueda decir sinceramente “me ha gustado DE VERDAD”: “Iron Man 3” me pareció floja y caótica, arrítmica y aburrida; de “Man of Steel”, ya di mi opinión más que detallada aquí mismo, pero la puedo resumir en dos palabras: DECEPCIÓN BRUTAL; “Monstruos University” no goza de la frescura ni de la empatía de su predecesora, tal como le ocurre a “Gru 2”; “Guerra Mundial Z” presenta una premisa interesante que se deslavaza sin remedio en su conclusión, y lo último… Joder, lo último. Tras ver “lo último”, que ya ha sido la gota que ha colmado el vaso, parece que esto de salir del cine plenamente satisfecho aún ha de tardar en llegar..

Lo último que he visto en el cine ha sido "The Lone Ranger" ("El Llanero Solitario" para los que hablamos la lengua de Cervantes). Para mí, seguidor incipiente del personaje desde que penetrara por mis retinas de crío de nueve años "La leyenda del Llanero Solitario" (1981), y muchos años después fan acérrimo del enmascarado tras el descubrimiento de la serie clásica protagonizada por Clayton Moore y John Hart, suponía un visionado obligatorio. Cuando empezaron a surgir las primeras noticias del proyecto, era indudable que una dulce e ilusionante sensación se apoderó de mí, puesto que ello suponía que el personaje volvía a estar en el candelero y a través de un "reboot" cinematográfico presuntamente de primer orden; no iba a ser un film de serie "B". La Disney y Jerry Bruckheimer, creador innato de blockbusters veraniegos, traían de vuelta al celuloide a un auténtico mito del imaginario norteamericano, por lo que ira inevitable pensar que la película sería toda una superproducción que pondría al héroe del Oeste en el lugar que se merecía después de tantos años sumido (al menos en el cine y la televisión, no así en el cómic) en el ostracismo.

Conforme empieza el rodaje, comienzan asímismo los problemas en el mismo: primero se habla de cancelar el proyecto por su elevado coste; posteriormente el presupuesto se ve recortado al originalmente establecido, y después, una vez se inicia la filmación de planos y escenas, hasta la naturaleza muestra  implacablemente su disconformidad con la película del Llanero, hasta el punto de que a raíz de una tormenta desértica, los responsables se ven obligados a reconstruir decorados y desgraciadamente uno de los especialistas llega a perder la vida en una de las escenas de más riesgo.

Todo este cúmulo de infortunios nos remite a otra superproducción que terminó siendo un estrepitoso fracaso de taquilla: "Waterworld", protagonizada por Kevin Costner. "The Lone Ranger", sea casualidad o no, sigue fielmente sus pasos, y como le ocurrió a la primera, también comparte los resultados finales.

Las primeras imágenes del dúo protagonista y los consiguientes avances que nos ofrecen muy efímeramente no auguran a priori que la película tan largamente esperada por los fans del personaje esté a la altura de dichas expectativas. Los resultados de taquilla una vez estrenada en los Estados Unidos manifiestan sólidamente que la desconfianza surgida hacia la película tenía su razón de ser, y no parece que la recaudación internacional (a pesar de que en España, el fin de semana de su estreno, se aúpa al primer puesto) vaya a cambiar las tornas.

LA CRÍTICA (contiene spoilers)

Comenzaré mi particular crítica hacia la película afirmando categóricamente que me ha parecido de los peores films que he visto recientemente en el cine, si no el peor. "The Lone Ranger" es una cinta horrible, aburrida hasta lo indecible (toda la acción se concentra al final), estúpida hasta el paroxismo, torpemente realizada y no ya irrespetuosa con el personaje, algo inevitable de pensar para cualquiera que ame al mismo, sino que simplemente sus (ir)responsables, empezando por Gore Verbinski, pasando por sus protagonistas y acabando por los que han dado el dinero, esto es, Disney y Bruckheimer, ni siquiera lo comprenden.

La trama está narrada bajo la perspectiva un tanto atípica (por no decir absurda) del compañero del Llanero, el indio Toro, un personaje al que se le conceden tintes sobrenaturales al aparecer como una especie de longevo espíritu ante los ojos de un niño disfrazado de Llanero que acude a una feria dedicada al Salvaje Oeste en el San Francisco de 1933. Un espíritu un tanto hambriento, por cierto, ya que pide al niño canjear los cacahuetes que este lleva en la feria por otro "detalle" algo menos comestible (al menos para los humanos; menciono lo de los cacahuetes porque esto tendrá cierta importancia unas líneas más abajo). Un Toro que, además de ser prácticamente inmortal y sólo visible ante los ojos de dicho niño, también ha visto cambiada su tribu: ya no es Pottawatomie, sino comanche. Esta modificación es una pequeña muestra -de tantas que hay en el film- del escaso respeto que los "bienpensantes" que han pergeñado esto tienen hacia los espectadores, incluso el infantil, que es al que está dirigido de manera exponencial y casi exclusiva la película. Al parecer, para Verbinski y cía el público es demasiado tonto -nunca mejor dicho- para asimilar en sus cabezas el nombre de la la tribu original de Toro, porque es "chungo de narices" y recurren al más fácil y tremendamente conocido de "comanche", que así ya no hay dudas de que se trata de un indio, indio, ni para los americanos ni para los europeos... Y no, no es una adaptación del doblaje español. Comprobado.

En cuanto al que se supone que es el protagonista de la película pero que no deja de ser en todo el film un mero comparsa del papel que encarna Depp, es curioso ver cómo "The Lone Ranger" bebe en sus premisas iniciales directamente de su predecesora cinematográfica, "The Legend of the Lone Ranger". El personaje retoma el nombre que en esta se estableció por vez primera al personaje (John Reid) y le concede la misma ocupación, la de jurista. Si en TLOTLR Reid era un abogado que regresaba del Este para reunirse con su hermano y reencontrarse con sus orígenes, en la película de Verbinski es un fiscal del distrito con idéntico objetivo. Sin embargo, aquí termina todo el paralelismo, porque si en el film de 1981 Reid era un hombre comprometido con sus ideas, enemigo de la violencia y fiel defensor del cumplimiento de las leyes, pero enérgico y decidido cuando era necesario, el Reid de Hammer, aun contando con similares características, es pusilánime, estúpido y constantemente autoparódico; sus acciones supuestamente más vehementes no le reivindican, sino que lo hunden más en la miseria, puesto que no dejan de ser muestras ineludibles (presuntamente "graciosas") de su sempiterna torpeza. Ni siquiera cuando asume el rol de héroe asoma ni un atisbo de seriedad en el personaje, dado que él mismo considera ridículo el portar máscara, algo que además le induce Toro a llevar, siendo esto considerado para colmo como un síntoma más de la persistente locura que a juicio de su tribu asola al indio.

El John Reid de TL es un completo inepto, y la interpretación más que limitada de Armie Hammer va encaminada en todo momento para que así aparezca. Sin embargo, este Reid no es tonto del todo (a pesar de que es él quien merece llevar dicho nombre y no su compañero), porque a pesar de la distancia y el tiempo transcurrido desde que abandonó su hogar, sigue enamorado de la misma mujer: la esposa de su hermano, un sentimiento que se corresponde finalmente cuando Reid, ya ejerciendo de Llanero torpón, rescata a su cuñada en un momento dado del film. Ella le agradece la acción con un apasionado beso que tiene la virtud de hacerle olvidar de golpe y porrazo la muerte de su marido acaecida escasos días antes. Una muerte que, como la del resto de sus compañeros rangers, no exhuda el necesario tono trágico que un momento como ese, vital en los orígenes del Llanero Solitario, precisa manifestar

Al contrario de cómo se plasma dicho cruento hecho en "The Legend of the Lone Ranger", dotado a mi parecer de la dosis justa de tensión y drama, acentuando esto último lógicamente con la violenta muerte de Dan Reid, el hermano de John, en "The Lone Ranger" en cambio no hay drama, no hay tensión y no hay nada. Las muertes de los representantes de la ley no transmiten emoción alguna; son una sucesión mecánica y fría de fotogramas que no llegan al espectador. Hammer es incluso aquí más limitado de lo que fue Spilsbury en la peli de 1981, y su intento desesperado de salvar a su hermano de la masacre no goza de la empatía necesaria. Ni siquiera el macabro final del ranger a manos de un Cavendish con unas ansias antropófagas inexplicables e innecesarias en un film dirigido eminentemente a un público menor de edad potencia la crudeza del momento, puesto que nada se ve. Si el film hubiera adoptado el tono serio que sin duda precisaba, un villano tan desquiciado hubiera funcionado sin duda mejor, pero aquí queda un poco fuera de lugar... Sobre todo, porque en el posterior transcurso de la película no deja de ser un malo típicamente cartoon acorde precisamente con la poderosa pátina de dibujo animado que en todo momento posee la cinta.

Tal como sucede en las diferentes versiones que en toda clase de medios se han dedicado al personaje, es el indio Toro quien entierra a los agentes de la ley, un Toro que se dedica a despojar a sus muertos de sus pertenencias, eso sí, realizando "justos" canjes en el proceso. Prueba irrefutable de que la película en ningún momento se toma en serio a sí misma recae en uno de estos curiosos trueques: Toro se hace con varias fotos picarescas de chicas ligeras de ropa que pertenecían a uno de los agentes muertos y a cambio deposita sobre el cadáver LA BOLSA DE CACAHUETES QUE LE HA ARREBATADO AL MUCHACHO AL CUAL LE ESTÁ CONTANDO LA HISTORIA EN 1933... ¡¡¡¿¿¿???!!! ¿Mande? ¿Me he perdido algo? ¿Pero qué puñetas estoy viendo aquí? ¿Qué es esto?"... Oséase, el súmmum ya del surrealismo: una amalgama del espacio y el tiempo carente de sentido plasmada en un mínimo detalle; el narrador, ya con tintes pseudo-mágicos de por sí, se introduce en la misma historia que está narrando para dejar en dicha historia un elemento del mundo real... De Juzgado de Guardia esto, vamos.

Si al llegar a este punto servidor estaba más que incómodo en la butaca, y no precisamente porque esta se hallara en mal estado, más sorpresas de similar calibre faltaban por llegar: si no era bastante ver a un Toro medio brujo o lo-que-sea cuyo pájaro muerto, adorno sempiterno en su cabeza, cambia inexplicablemente de posición, resulta que Silver, el caballo del Llanero, también posee facultades mágicas... O eso, o come hierbas algo sospechosas, porque es capaz de posarse en la rama de un árbol y cubrirse la cabeza con un sombrero (?). Silver le indica a Toro, ante las fosas de los rurales de Texas, que el ranger que él cree muerto es el destinado a hacer cumplir la ley, ante el escepticismo del -ahora- comanche (escepticismo que no es de extrañar, dada la incompetente actitud de John Reid hasta ese momento, y aún después). Este momento es de los pocos que funcionan bien en la película, a pesar de que está planteado, como ya comento, bajo la perspectiva de que Silver no es tan sólo un excepcional caballo, sino un animal sobrenatural capaz, según las creencias de Toro, de hacer revivir a los muertos (sigh).


En este peculiar Oeste que no trae Verbinski y su troupe no hay tan solo indios algo tarados que se materializan en ferias ambulantes de comienzos del siglo XX y caballos capaces de cabalgar sobre los vagones de un tren... También hay conejos en el desierto, pero conejos un tanto peculiares; conejos hambrientos de carne nada menos, con unos colmillos que harían palidecer a los vampiros... Esta curiosa fauna que aparece por tal despropósito cinematográfico, ¿era realmente necesario incluirla? ¿Qué aporta, sino más lustre absurdo a un film ya por completo desatinado? ¿Da risa? ¿Da miedo? ¿Los niños fliparán con esto? ¿De verdad lo creen? ¿Y qué pasa con los adultos? ¿Qué pasa con los que queríamos ver una película digna y definitiva del Llanero Solitario, señor Verbinski? ¿Qué pasa con los aficionados del personaje, con los de antes y los de ahora, gracias sobre todo a los cómics de Dynamite? ¿Qué pasa con ellos, señor Verbinski? A esos que nos zurzan, ¿verdad?

Una cosa es ser flexible, permisivo, e incluso partidario, de adaptar un personaje a los tiempos que corren con el fin de hacerlo más atrayente, efectivo o atractivo para el público potencial de las salas, el más joven, y otra muy distinta es estar de acuerdo con la realización de una vulgar parodia que no tiene ni pies ni cabeza... No se trata de mantener ni siquiera la tan manida "esencia básica del personaje", sino simplemente de hacer un film digno y de plasmar en la pantalla una versión decente de un personaje con muchos años de historia a sus espaldas, no de convertirlo en una torpe caricatura sin gracia alguna, que es básicamente lo que Verbinski y cía nos traen en este "The Lone Ranger".

Pues a pesar de toda la anterior parrafada despotricadora hacia "esto", y aunque parezca mentira, he de decir que la película tiene hasta sus cosas buenas. Son pocas, pero a mi juicio existen incluso:

-La fotografía, excepcional. La constante presencia en este film de los tonos pardos, con abundancia de grises y escasez de colores vivos nos remite irremisiblemente al mejor Peckinpah o Leone, así como a la obra de Ford al concedérsele una importancia relevante a la paisajística incomparable del Oeste americano.

-La banda sonora, de Hans Zimmer, un Zimmer para mí mucho más inspirado que en "Man of Steel", que recrea en este film una sintonía emocionante, satinada con tintes épicos y que contrasta paradójicamente con el tono paródico omnipresente en todo el film. Una partitura que hubiera merecido aderezar un film más digno y por tanto a la altura de un personaje como el Llanero Solitario. La versión de Zimmer de la que es la banda sonora por excelencia del héroe, la William Tell Overture, es fantástica y no creo que sea fácil de superar.

-Es ella la que engalana lo que por lógica -sólo faltaría que no fuera así- es lo mejor de la película: el clímax final: la vertiginosa escena de la persecución del tren donde héroes y villanos protagonizan una más que rebuscada confrontación que alude a momentos del mejor cine mudo, pasando por los seriales de los años treinta y cuarenta hasta llegar a las pelis de Indiana Jones, digna heredera de aquéllos. En la misma, como dice mi buen amigo Rafa, parecen que los actores bailan en consonancia con la épica composición musical. No obstante, a pesar de la espectacularidad del final, este no deja de resultarme un tanto descafeinado; habida cuenta de todos y cada uno de los decepcionantes fotogramas previos a la conclusión, esta por lógica no satisface lo suficiente como para aprobar una cinta pobre en cuanto a calidad -que no en recursos- y errónea en planteamiento.

-Los guiños a la serie clásica y a los orígenes del héroe: el niño al que se le narra la historia penetra en una tienda encabezada por el rótulo The thrilling days of the Yesteryear ("los emocionantes días de antaño"). Esta frase forma parte de la legendaria presentación tanto del clásico programa de radio como el de televisión: Return with us now to those thrilling days of Yesteryear...! Por otra parte, la historia, como se ha dicho antes, se inicia en el San Francisco de 1933. Este fue precisamente el año en que el personaje inició su dilatada singladura, en esta ocasión en la radio a través de la emisora WXYZ.

-El famoso grito del Llanero, Hi-Yo Silver, away! a lomos de Silver, que se incorpora sobre sus cuartos traseros, imagen más que clásica que es criticada -¡encima!- por Toro, instando al enmascarado que no lo vuelva a hacer.

"The Lone Ranger" es en suma una tremenda oportunidad perdida para que un icónico personaje, mito de muchas generaciones, se asentara en los tiempos actuales como sin duda merece. Habría hecho falta para ello el haber desarrollado de modo más inteligente y eficaz este proyecto tan fallido; plasmar de modo más digno al personaje, no caer en la parodia ni en la caricatura, sino ensalzarlo como el héroe que es y germinar así una versión, seria, que agradara por igual a niños que lo descubren por vez primera como a los adultos que se encandilaron con la serie de los años cincuenta y a los que disfrutaron con la peli de 1981 (está claro, por todo lo escrito, que la de Spilsbury me parece de sobras y sin dificultad alguna mejor film que la actual, a pesar de todos sus defectos). En cambio, la realidad es que "The Lone Ranger" repudia por completo a los segundos y no sé si agradará por completo a los primeros... Los resultados catastróficos en taquilla ahí están, y en esta ocasión están por completo justificados. No me alegra dicha debacle, por supuesto, porque el Llanero Solitario no se merece un fiasco de esta magnitud, pero la burla ha sido de órdago. Si Clayton Moore levantara la cabeza y viera tamaño dislate, volvería a enfundarse en las ropas del personaje que tanto amó para enmendar el desaguisado. Por desgracia, no será así, y el daño, sin lugar a dudas, ya está hecho.

sábado, 22 de junio de 2013

Bryan Singer tenía razón...

ESTE POST NO CONTIENE SPOILERS (o al menos, eso creo :D).

La "S" significa en kryptoniano esperanza. Y una alta dosis de la misma es lo que yo tenía puestas en esta película, como imagino le ocurriría a los miles y miles de fans del personaje alrededor del globo. Después del -injustificado, al menos en mi opinión- fracaso comercial de la también largamente esperada Superman Returns, los aficionados al Hombre de Acero, sobre todo aquellos aficionados que le hemos visto volar en todas y cada una de las entregas cinematográficas y que hemos aguantado años y años de rumores y proyectos frustrados hasta el tropiezo de 2006, deseábamos con ansia (es más, lo NECESITÁBAMOS) que esta vez con Man of Steel sería la definitiva, que en esta ocasión Superman iba a regresar por la puerta grande para quedarse, para demostrar al mundo que en el subgénero cinematográfico centralizado en los superhéroes, un universo en constante expansión (y por tanto, un género ya en sí mismo), él, amén de ser el primero, continuaba siendo el mejor, el más importante, aquel en el que todos los demás deberían reflejarse.

Pero, una vez más, no ha sido así.

Y ahora, por las expectativas creadas en torno a la película, porque los que amamos a Superman hemos creído ciegamente en ella casi desde un principio, porque teníamos (ya digo) la esperanza de que esta vez sí; esta vez Superman hacía realmente suyo el título de la película de 2006, ahora, al abrir los ojos y ver qué nos deparaba la sala de cine y por tanto, qué clase de Superman, qué visión de Superman nos iban a ofrecer después de que Returns se quedara en un quiero pero no puedo, ahora, insisto, ha sido infinitamente MUCHO PEOR que en aquella ocasión.

Nunca me he considerado un fundamentalista en cuanto a adaptaciones del cómic al cine. En ningún caso, ni siquiera en lo que respecta a personajes por los que guardo una especial predilección (como el chico de la capa roja, mira tú por dónde), he mostrado recelo o repulsión por aquello que veía en la pantalla, porque entendía que estaba ante una ADAPTACIÓN, no una TRASLACIÓN. Son cosas diferentes. Existen no obstante muy buenos ejemplos de mimetización de cómics al cine, y precisamente el responsable directo de Man of Steel, Zack Snyder, es artífice asímismo de dos de ellos, 300 y Watchmen, pero por regla general, los personajes de los cómics, incluso los más populares, han de verse forzosamente adaptados al cine porque este es un medio lógicamente distinto de aquel que les vio nacer, y porque el público que llena las salas nunca es, en su abrumadora mayoría, el que lee los cómics. Por tanto, considero lógico que se efectúen cambios a la hora de llevar a ciertos héroes a la gran pantalla porque han de estandarizarse para todos los gustos, cambios que incluso pueden enriquecer si cabe aún más al personaje o personajes en cuestión, y que luego el cómic puede hacer también suyos (se me ocurre así a bote pronto los negros y homogéneos uniformes de los X-men de Singer), pero eso sí; cambios que enriquezcan, no que deformen al personaje hasta hacerlo irreconocible, porque si no, ya no estamos hablando del mismo personaje, sino de otro por completo distinto cuya única coincidencia con el original es que comparten el nombre.

Sí, se trata de modificar, porque en el cine es necesario, pero también de RESPETAR. Respetar aquello que se dice (y que yo incluso me he tomado muchas veces a guasa) la "esencia básica del personaje". Esto, que muchos se lo toman hasta el último extremo, para mí no es mantener por narices los calzoncillos por fuera, el símbolo de la capa o el rizo del pelo, por ejemplo; se trata más bien de honrar los VALORES del personaje que vas a adaptar, LOS VALORES, lo que hace que un personaje sea de un modo u otro; lo que le impulsa a actuar en una u otra dirección, lo que le convierte en lo que es, lo que hace que tanto le admiremos.

Y en Man of Steel se han cargado de plano los valores de Superman.

¿Y a pesar de esto, de pasarse el director por la piedra todo lo que significa ser Superman (cosa que no alcanza su cénit hasta los últimos minutos del film) estamos, no obstante ese tremendo bofetón, ante una buena película?

En absoluto.

El film es un apabullante espectáculo visual, eso es indiscutible (yo incluso la vi en una sala especial donde el sonido te envuelve como si estuvieras dentro de la película), pero tanta fanfarria de efectos, tanta parafernalia de destrucción y batallas sin sentido, se prolonga infinitamente hasta hacerse cargante. Los espectadores acudimos a tal despliegue de devastación digital pasivamente, sin emocionarnos, sin estremecernos, sin nada. Mucho ruido y pocas nueces, que se dice. Actuamos igual que los mismos actores comparsa de este film, que observan (es un decir) del mismo modo que aquel que está en la butaca el órdago de caos y destrucción que provoca el duelo (o mejor dicho, los variados duelos) entre Superman y sus oponentes.

En este punto, hartos de ver escombros, devastación y una ciudad casi por completo derruida, comprendemos que Snyder, Goyer y Nolan nos han mentido descaradamente.

En los tráilers exhibidos a lo largo de todos estos meses anteriores, daban a entender que este film profundizaría en el lado humano de Superman/Clark Kent/Kal-El; supuestamente le concedían a la cinta cierto tono introspectivo, intimista, hasta el punto de que en plan irónico se llegó a debatir que qué era eso, si Superman o El árbol de la vida. Pues no, no lo es, ya lo corroboro. Es una mezcla torpe entre Independence Day y Transformers, con TODOS los defectos de ambos films duplicados.

"'¡Ey, qué es un cómic, no el Ulises de Joyce!", pensarán muchos. Por supuesto, y la espectacularidad debe quedar patente porque además, es necesaria en un personaje como Superman, pero también hay que saber manejar esa espectacularidad, no dejar que prime sobre todo hasta hacer del film un compendio aburrido de efectos.

La búsqueda de Clark para hallarse a sí mismo, para descubrir sus orígenes, está torpemente narrada; se precipita indefectiblemente en beneficio de lo que interesa al director: la llegada de los invasores y todo lo que esto conlleva. Toda esa tentativa para "construir" al personaje, para desarrollar su lado humano, queda deslavazada en flashbacks mal insertados (que a la postre son lo mejor de la película) donde se nos muestra un joven Clark amargado y distante, sin un ápice de optimismo, de ese optimismo que tan bien se nos mostró, aun escuetamente, en Superman The Movie durante sus jóvenes años en Smallville:

-"¿Cómo has llegado tan rápido?
-Corriendo".

Otra solemne falacia que nos suelta Snyder sin reparos es cuando afirma que a la hora de hacer esta película no han tenido en cuenta las producciones anteriores (risas grabadas de sitcom, por favor).

La pretensión de este film es reiniciar al personaje en el cine, y por tanto sus responsables han de contarnos -o la menos lo intentan- la historia del mismo desde cero. Sin embargo, aun los cambios más que evidentes que introducen en el origen del héroe (sobre todo en lo que respecta a la visión de su mundo natal, un terreno yermo plagado de bestias voladoras y habitantes con armadura en lugar del cristalizado y aséptico planeta de los films de Reeve), los paralelismos entre el Jor-El que interpreta Rusell Crowe y el de Marlon Brando son manifiestos, polarizados sobre todo en la despedida de su hijo al embarcarlo en el pequeño cohete y en la defensa que hace del forzado exilio de su vástago ante el escepticismo de su esposa, Lara. Las escenas son similares en ambos films, con la diferencia de que Krypton subsiste un poco más de tiempo cinematográfico (por razones de guión) en esta nueva versión que en el clásico de Donner.

El antagonista de la historia tampoco es inédito para los más avezados al personaje en su vertiente de celuloide. El general Zod ya fue interpretado magistralmente por Terence Stamp durante un efímero momento durante el primer film del personaje para luego dar rienda suelta a sus ansias de grandeza en Superman II. Poco de este Zod queda bajo las facciones del nuevo, un Michael Shannon correcto que creo que no sabía en qué se metía cuando Snyder contactó con él. Gran actor (sólo hay que verle en la genial Boardwalk Empire) que hace lo que puede con el fin de salvar algo del despropósito que nos han colado a los aficionados al personaje tan hábilmente en todos estos últimos meses.

El lugarteniente de Zod es la implacable kryptoniana Faora, una guerrera que sospechosamente recuerda, en físico y look  a la villana Ursa de Superman II, asistente asimismo del Zod de Stamp... ¡Nada hombre, pura casualidad!

El Jonathan Kent de Kevin Costner no nos presenta tampoco nada nuevo del personaje respecto al maravilloso rol que nos regaló Glenn Ford (y que aún a mí consigue emocionarme). Las frases de Costner son calcadas a las de Ford, tal como le ocurre al Jor-El de Crowe en relación al de Brando, pero a pesar de contar con menos peso en el hilo de la historia que el padre biológico de Superman, sus breves apariciones son marcadamente mejores, porque es en la interrelación con su hijo adoptivo donde vemos la génesis del que será el mejor héroe de todos, y lo es porque fue criado por un matrimonio de honrados granjeros de Kansas en base a unos valores y a una moralidad de los que ha hecho siempre gala Superman (en definitiva, lo que conforma su HUMANIDAD) y que Snyder desmenuza cruelmente en la conclusión.

Toda esta suprema decepción por el resultado global del film se acentúa aún más si cabe porque desde el primer momento que aparece en pantalla, te das cuenta que el actor escogido para dar vida a este nuevo Superman es una elección del todo acertada:. Henry Cavill ES Superman. Te lo crees realmente. Posiblemente el que quizás mejor ha llevado el traje azul (físicamente, me refiero), pero la errónea decisión final que le obligan a tomar director y guionista borra de golpe toda la convicción que anteriormente se ha ganado, por mucha desesperación que manifieste luego.

Las ganas de Snyder por enseñarnos cómo en este film destruye conglomerado urbano hasta lo indecible no sólo perjudica el lado humano del héroe en su odisea por hallarse a sí mismo, tan torpemente resuelta, sino también a su misma formación como héroe. En un visto y no visto tenemos a un Clark errante inmerso en trabajos de baja estofa a un semidiós vestido de azul diciendo "aquí estoy". No hay introducción, no hay presentación, no hay nada. Se echan en falta aquellas pequeñas y heroicas acciones que tan bien engalanó Reeve en The Movie y que el mismo Byrne en su -precisamente- Man of Steel remedó (más tarde, Singer también puso su pequeño grano de arena en este sentido). Se hacen necesarios unos preliminares que permitan al personaje darse a conocer humildemente al mundo, y no aparecer de repente como un mesías salvador con, me atrevería a decir, ciertas ínfulas de suficiencia. Un concepto este, el del mesianismo que, aunque ya explotado en versiones anteriores (y de manera más habilidosa), alcanza aquí cotas de descaro tremendas.

En Man of Steel las acciones que toma Superman no emocionan, no transmiten absolutamente nada. No te llegan, en suma. Todo se resume a ser un desvarío vertiginoso y saturado de CGI que termina hastiándote. La música de Zimmer tampoco ayuda en absoluto. Williams sí supo desde un primer momento entender la grandeza del personaje a través de su inolvidable banda sonora, que ayudaba en grado sumo a que esa emoción que deben transmitir las acciones heroicas de Superman se acrecentase en el espectador. Yo sin duda me quedo más con el momento del rescate del ajado yate de Luthor, donde están aprisionados Lois, su hijo y el sobrino de Perry en Superman Returns en lugar de con todo este pandemónium digital made in Snyder & CIA.

En cuanto al clásico elenco que rodea al personaje, todos se convierten en meras figuras decorativas que asisten pasivamente (como el espectador, ya lo he dicho) al monumental combate de Superman con sus paisanos. Amy Adams ejerce de forzada y forzosa Lois Lane sin un ápice de carisma, cuya relación con el héroe se hace, como todo en este film, precipitada y artificiosa, y en cuanto a Perry White, el pobre Fishburne hubiera merecido quizás un mejor trato que el de tan sólo un figurante con un escaso momento de gloria.

Total, que al señor Snyder le han entregado 225 millones de dólares para demostrarnos simplemente una cosa: que no entiende al personaje ni lo aprecia.

Pero eso sí: ha hecho el film que quería y además la taquilla le está apoyando abrumadoramente en este sentido, con lo cual, encima puede alardear de poseer por completo la razón en la visión que nos ha "concedido" del personaje... "Al público le está gustando", afirmará satisfecho, y ya se sabe: Poderoso caballero es don dinero, que diría el señor de Quevedo.

Yo, después de salir del cine, con mi camiseta de Man of Steel adquirida para la ocasión (y dudo que vuelva a ponerme), entre decepcionado, abrumado y cabreado a partes iguales, sólo me quedó clara una cosa: que Bryan Singer tenía razón.

Singer pudo estar equivocado en muchas cosas cuando hizo Superman Returns, pero hay algo indiscutible: nos devolvió a Superman, al Superman que nos dio el cine, y nos restituyó gran parte de aquello que hizo grande en el cine a Superman, amén de lo que representa ser Superman. Singer llevó quizás su homenaje al film de Donner hasta el histrionismo, pero lo hizo posiblemente porque sabía que esa visión era muy difícil de superar. Ese puede que fuera su gran acierto y al mismo tiempo su tremendo error, pero él lo interpretó así (y a día de hoy, por lo visto, NO SE HA EQUIVOCADO). Podría haber cambiado cosas; podría haber cambiado mucho, pero el respeto a la obra original pesaba sobre él como una losa que él cargó con gusto, y nos dio un buen film, un film que profundizaba en el personaje, que se centraba en su lado más humano, que destacaba sus inquietudes y sus anhelos, pero que por desgracia, al parecer, aburrió sobremanera a muchos... Bueno, pues estos ahora pueden estar tranquilos, porque ahora ya tienen Man of Steel con sus interminables tracas de feria.

Además, Singer supo hacer con su film algo que en Man of Steel está fuera de todo alcance: unir generaciones. Singer nos trajo el Superman de ayer para los espectadores de hoy; que los niños de 2006 pudieran apreciar la misma grandeza en el personaje que a los niños de 1979, una gran parte de nosotros, nos marcó. El target de los más talluditos, de los que hemos mamado a Superman desde bien críos, queda por completo apartado y despreciado en MOS... Los niños de ahora seguramente disfrutarán a rabiar con este nuevo Superman, con este desfase visual que les ha regalado Zack Snyder, y para ellos posiblemente este será "su" Superman ahora y siempre... Sólo hay un problema: que este NO ES Superman.

Así que, después de la tamaña y frustrante experiencia de anoche, permitidme por favor una vez más reivindicar Superman Returns. De momento, es lo que a mí (y espero que a muchos más) nos queda de aquel añorado Superman que una vez amamos, y que sin duda seguimos amando.

domingo, 16 de junio de 2013

Los chicos que coleccionaban tebeos

La novela cuyo título encabeza este post es a mi juicio una de esas rara avis que gracias a una afortunada casualidad llega un día a tus manos y descubres a posteriori que su lectura se convierte en una experiencia prácticamente irrepetible. Sinceramente, no creo que haya en el mundo muchos libros como este. Es más; incluso me atrevería a afirmar de modo rotundo que es único en su clase. Esto, que dicho así de modo tan categórico puede resultar ciertamente exagerado, tiene su justificado fundamento, y es que esta novela, que vista de modo somero y superficial tan sólo induce a pensar que se trata de un relato de cariz juvenil como tantos otros que se publican en nuestro país, se aleja ostensiblemente de dicha calificación (aun el joven elenco que lo protagoniza, así como las vicisitudes narradas en él) cuando el lector se imbuye completamente en sus páginas.

Para que esto suceda no obstante, este lector ha de cumplir casi de modo forzoso dos condiciones: ser necesariamente, como los protagonistas del libro, un comprador  y lector de cómics (o al menos, haberlo sido durante una etapa prolongada de su vida) y, lo más importante, pertenecer a una determinada generación: aquella que vivió la preadolescencia durante los tempranos ochenta, cuando aparecieron en los quioscos los primeros cómics de superhéroes de Marvel de Ediciones Forum y posteriormente los de la edición española de los de su eterna rival, DC Comics, a través de Ediciones Zinco, tebeos con los que, como le sucedió a este que escribe, crecimos y aprendimos a valorar y a amar (e incluso a veces hasta odiar, ante la imposibilidad de encontrarlos en nuestras interminables excursiones por quioscos y librerías). Es un libro en suma dirigido a un público concreto, poseedor de unas características muy determinadas, porque será este el que, a través de sus páginas, se sentirá plenamente identificado con lo que en ellas se cuenta.

Evidentemente, a pesar de estas dos condiciones, el libro puede ser disfrutado -¡faltaría más!- también por aquellos tebeadictos que no vivieron aquellos años como los protagonistas de esta novela (ya fuera por ser ya mayores por entonces o simplemente por no haber nacido aún), e incluso los profanos a los cómics pueden encontrar en sus páginas un emotivo e intenso relato de amistad entre unos chicos cuya única pasión era leer y comprar tebeos, pero está claro que estos hipotéticos lectores jamás podrán entender todo lo que allí se narra (y sobre todo, cómo se narra) si no han compartido, aunque sea en una mínima parte, esa susodicha pasión en unos tiempos que siempre consideraremos mágicos. Es precisamente por esto por lo que antes lo calificaba con tanta rotundidad como un libro único en su clase: porque "Los chicos que coleccionaban tebeos", tal como afirma Alejandro Martínez Viturtia en su epílogo, no sólo es una historia de amistad y solidaridad en un tiempo más sencillo, en la que los cómics de superhéroes se convierten en un protagonista más; habla primordialmente de nuestras vidas, de las vidas de los que hemos sido -y somos- coleccionistas de tebeos, y sobre todo, empezamos a serlo en los mismos años que el grupo de amigos cuyas vivencias se cuentan en la novela.

Este libro es único porque es casi imposible hallar un relato que, ya esté escrito por uno o dos autores con los que podrás compartir a lo sumo aficiones y edad, te muestre de modo tan clarividente un retrato robot de tu propia vida. El que creció en aquellos años y sobre todo, experimentó en primera fila las memorables apariciones de ciertos cómics en el mercado español, se siente inmediatamente identificado con las aventuras y desventuras del grupo de chicos que lo protagoniza y comprende perfectamente la amalgama de sentimientos que padecen en cada momento. Así, en unos años en que las librerías especializadas de cómics estaban aglutinadas en las grandes ciudades, los anhelos de estos chavales habitantes de un pequeño pueblo de provincias por conseguir según qué títulos, sus dificultades para hallar algunos de ellos, su entusiasmo cuándo consiguen su propósito, o su frustración cuando ese tebeo ansiado se les escapa de sus manos, han sido también nuestros anhelos, nuestras dificultades, nuestro entusiasmo y nuestra frustración; han sido y son sentimientos universales de toda una generación que creció y maduró a lo largo de los ochenta tanto física e intelectualmente como a través de nuestra gran afición: la del coleccionista y comprador de tebeos.

En mi caso personal, conforme iba leyendo cada capítulo de "Los chicos que coleccionaban tebeos", y por tanto lo que en cada uno se narraba, mi sorpresa no dejaba de aumentar, porque la empatía con los ficticios personajes del libro era total y a veces hasta asustaba; las coincidencias personales que hallaba en los inicios de alguno de ellos en el mundo de los tebeos y sus posteriores vicisitudes eran más que abundantes. Supongo que otros lectores se habrán sentido igualmente reflejados a través de los componentes del singular grupo (Nicolás, Justo Manuel, Alfredo, Roberto o incluso Silvia, la chica que más tarde se une a ellos) en sus experiencias y vivencias con aquellos cómics con los que aprendimos realmente a amar a los superhéroes de Marvel y DC. En realidad no es tan difícil; los que hemos crecido con Forum y Zinco gozamos de anécdotas similares. Por eso este libro es NUESTRO libro, porque son realmente aquellos niños, nosotros, los verdaderos protagonistas del mismo.

Nicolás es el principal narrador de este nostálgico periplo por nuestros mejores recuerdos. A lo largo de todo el libro, se dirige al lector en segunda persona, como si estuviera manteniendo con él una charla  friki en lugar de contarnos una historia, la historia de su vida y la de sus amigos centrada en sus facetas como lectores y compradores de tebeos, que con sutiles diferencias es también la historia de mi vida o de (si te formaste como lector en este país y en aquellos años) la nuestra, al fin y al cabo. Los capítulos quedan divididos en períodos temporales y saltan atrás y adelante, ofreciéndonos cómo es la vida de los protagonistas en el presente (y cómo siguen llevando esa agradable "carga" de ser coleccionista y lector de cómics), alternándose con otros que ejercen de imprescindibles flashbacks -el verdadero corazón del relato- donde se nos muestra cómo fueron sus orígenes en la afición o lo que experimentaron en otros ámbitos que igualmente marcaron a los de mi quinta, como la llegada de la serie "V" a la televisión y todo el merchandising ocasionado por dicho motivo, polarizado prácticamente en la célebre revista Tele-Indiscreta, de tan grato recuerdo para nosotros.

Muestra indiscutible de esa tremenda empatía antes comentada con los personajes de la novela (sobre todo con Nicolás; algo lógico si tenemos en cuenta que al ser el conductor de este viaje de regreso al pasado es de quien más llegamos a conocer) es el hecho de que el primer contacto que tiene con los tebeos de Forum es a través de los números 3 y 2 de Spiderman y Los Vengadores respectivamente, y estos cómics, precisamente estos, fueron también mis primeros tebeos de la susodicha editorial. Esta sorprendente coincidencia se prolonga con el episodio que dedica este personaje a hablar de la serie "V" y de su compulsiva compra de la revista Tele-Indiscreta (como más arriba he comentado), inigualable representante de merchandising de la serie por estos lares, cuyos ejemplares se agotaban al poco de llegar a los quioscos y librerías, y que tanto nos costaba conseguir, y el paralelismo persiste con la intensa búsqueda que mantienen los protagonistas de los Extra-Superhéroes y las novelas gráficas de Forum, auténticas joyas de la época que muchas veces sólo llegábamos a ver en los anuncios de los tebeos que tanto esfuerzo económico nos suponía comprarlos. Como a Nicolás, me interesé sobre todo por la novela gráfica La muerte del Capitán Marvel, que fue mi primer tebeo "de lujo" y que me costó la friolera de 550 pts., una auténtica fortuna en aquellos años. Esta novela (como las siguientes) creo que nos marcó a muchos y nos permitió descubrir que el maravilloso universo de los superhéroes, hasta entonces limitado por aquellos cuadernos en grapa que se amarilleaban con el tiempo, podía ser también un producto digno de llenar las estanterías de casa al lado de los libros de mayor empaque propiedad de nuestros padres.

Anécdotas como las arriba mencionadas hacen que Los chicos que coleccionaban tebeos, como no me he cansado de afirmar en todo el post, sea un libro dirigido eminentemente a un target de público muy, muy concreto, y sin lugar a dudas hará las delicias de aquellos niños devoradores de tebeos de finales de los setenta y la década de los ochenta que ya rondamos la cuarentena o hemos entrado sobradamente en ella. Si has sido de estos (e incluso hoy, como nos pasa a muchos, lo sigues siendo) te aseguro que sus páginas te transportarán a tu misma infancia y adolescencia; te verás de inmediato identificado y verás con toda lucidez que las vivencias de sus protagonistas fueron las tuyas también. Un libro único, ya lo he dicho antes. Un libro que perfectamente podría ser el diario personal de cualquiera de los que nos convertimos en frikis de los tebeos por aquel entonces.

Dado que el libro a través de sus capítulos es capaz de refrescar o reactivar tu memoria y por tanto te permite recordar con más o menos detalle la aparición de ciertos títulos al mercado que Nicolás menciona en el mismo (y objeto por tanto de anhelo tanto de él como de sus amigos), descubres así en este aspecto concreto ciertos anacronismos sólo perceptibles a los que coleccionamos y leímos precisamente aquellos tebeos, cuyas fechas reales de salida difieren de las que Nicolás afirma. Este nimio defecto, que para nada vela la notable calidad global del relato, puede atribuirse o bien a una intención por parte de los autores de querer condensar determinados cómics clave de una época en un periodo inferior al verdadero, o quizás se debe a lo que nos pasa a todos: a una inconsciente y mínima confusión de recuerdos que transcurrido un prolongado tiempo los consideramos categóricamente como perfectamente fiables.

Sea como fuere, lo verdaderamente cierto es que Julián M. Clemente y Helio Mira han hecho un trabajo extraordinario con este maravilloso libro, porque nos ha permitido a los que estuvimos allí en aquellos años "históricos" rememorar nuestras particulares experiencias a través de la vida de Nicolás y compañía, a veces incluso con inusitada e involuntaria precisión, y la extraordinaria sensación que surge de esta evocación, que gratamente permanece mientras lo lees y se acrecenta sin duda cuando llegas a la última página, es impagable.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Disney publica banner para "The Lone Ranger"

Un atractivo y espectacular banner ha publicado Disney del film "The Lone Ranger", donde se entremezclan todos los protagonistas de la película sobre un fondo que elude al tema principal de aquella: el ferrocarril y el control sobre el mismo.Curioso que los personajes principales, aun en el centro, no destaquen más que el resto, lo cual hace suponer que en el banner se le pretende conceder similar importancia a otros personajes que sin duda tendrán una parte activa e imprescindible en el film.


nuevo póster internacional para "The Lone Ranger"

Versión francesa del nuevo póster internacional que promociona el film "The Lone Ranger". En él se añade al dúo protagonista el rol que interpreta Helena Bonham Carter, por si quedaba alguna duda de que también hay protagonistas femeninas en el film :D No obstante, el primer plano para Johnny Depp recuerda invariablemente quién es la supuesta estrella que forzosamente ha de vender la cinta (y que esperemos no acabe "estrellándose").


Zod avisa...

Espectacular nuevo tráiler de "Man of Steel", manifestando a todas luces que estamos sin duda ante LA película del verano.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Fotos y carteles promocionales de "The Lone Ranger"

Nuevas fotos y carteles promocionales de la producción de Disney basada en el popular héroe enmascarado del Oeste aportadas por el amigo Rafa. A destacar la de las dunas desérticas, quizás la mejor de todas, y el  cartel que informa de manera nada discreta y sobre una imagen de lo más emblemática del personaje, el tiempo que queda hasta su esperado estreno. En efecto quedan dos meses: el 19 de julio.











domingo, 21 de abril de 2013

Frío inicio para "Defiance"

Esperaba con cierto interés esta nueva producción de ciencia-ficción que el pasado martes emitió en primicia el canal Syfy con muy pocas horas de diferencia respecto al estreno norteamericano. Últimamente la parrilla televisiva no se prodigaba mucho con productos de género fantacientífico; las expediciones espaciales (tras el final de Stargate Universe) o las invasiones aliens a la Tierra (con la excepción de la tibia "Falling Skies") parecían haber quedado aparcadas en espera de mejores momentos. Sin embargo, el estreno de "Defiance" ha desdicho esta presunción. Con esta nueva serie, Syfy pretende dar una nueva oportunidad, y a lo grande, a un género (que engloba a su vez otros subgéneros) que goza de un enorme seguimiento en todo el mundo.

"Defiance" supone a priori toda una revolución en el mercado audiovisual, puesto que es la materialización de la alianza entre el célebre canal por cable de ciencia ficción y la compañía de videojuegos Trion Worlds, que el 2 de abril lanzó un producto con idénticas características a la de la serie. No obstante, serie y videojuego, aun con contar con elementos interrelacionados, pueden disfrutarse por separado.

La serie cuenta con la producción ejecutiva, entre otros, de Rockne S. O'Bannon, uno de los principales artífices de la mitificada "Farscape", por lo que hace suponer en un principio que estamos ante un cuidado producto de ciencia-ficción asentado sobre unas sólidas y detalladas bases, donde el protagonismo coral (elemento distintivo en una serie de sus características desde los tiempos de "Star Trek") cobra una importancia primordial. Sin embargo, todo este supuesto detallismo, toda la previa cimentación de este nuevo universo televisivo se tambalean poderosamente durante el desarrollo del episodio piloto.

El primer episodio se podría resumir perfectamente con una única palabra, y esa es ambigüedad. El espectador, una vez contemplado el inicio de "Defiance", no sabe a ciencia cierta de qué va esta serie y por lo tanto cómo se han producido los acontecimientos que se narran en su capítulo introductorio. Salvo las primeras imágenes de la invasión alien y una pobre narración en "off" por parte de uno de los protagonistas, y posteriormente las palabras de otro personaje del elenco, que describen un torpe resumen del origen de "Defiance" (que es realmente la ciudad de Sant Louis rebautizada tras la larga guerra contra los extraterrestres), la situación que se nos presenta en el episodio no resulta para nada esclarecedora, sino más bien precipitada y confusa; en tan sólo dos minutos pasamos de una Tierra invadida por grandes naves, a treinta años en el futuro donde los humanos cohabitan en paz en la ciudad de Defiance con no una, sino varias razas extraterrestres, que al parecer forman parte de la misma especie y poseen por nombre genérico el de Votans, aunque cada una goza de rasgos y características distintas (pero para discernir esto hay que estar MUUUYYYY atento a lo que se dice en un EFÍMERO momento del capítulo).

No pretendo que durante la hora y media que dura el episodio piloto nos cuenten los guionistas todos y cada uno de los detalles de cómo se ha llegado a ese mundo futuro o de quienes lo habitan, porque entiendo que para eso está el resto de la serie, pero un episodio piloto sirve para introducir a los personajes, su entorno y sus motivaciones, y ha de hacerlo sobre todo de manera eficiente y clarificadora para el espectador, puesto que es precisamente el piloto el que actúa como "enganche" para los demás episodios de la temporada... Si lo que prima es comprimir escuetamente excesivos datos amén de -con toda lógica- contar una historia en un limitado plazo de tiempo, al final lo único que se consigue es hastío y desinterés por parte del espectador, y "Defiance", a mi parecer, adolece de esto en su primer episodio.


Por suerte contamos con Internet, y resulta del todo paradójico el que tengamos que recurrir a la red para averiguar una sinopsis más clara de cómo se ha llegado al mundo de Defiance. Así, gracias a ciertas páginas sabemos que los Votans llegan a la Tierra buscando un nuevo hogar después de que el suyo de origen quedara destruido. Dado que los humanos se muestran bastante reacios a dejarlos instalarse, los Votans, que permanecen en órbita, deciden ingresar a la fuerza. Esto, como es evidente, hace que estalle una larga guerra cuyo daño colateral más importante será la segregación de una extraña sustancia procedente de las naves extraterrestres que provocará considerables cambios en el clima y la geografía terrestre. Luego de muchos años, se declara un cese de hostilidades y humanos y aliens empiezan a aprender a vivir en armonía, llegando para ellos a forjarse alianzas como las que se muestran en la ciudad de Defiance.

Esto que indica el párrafo anterior es aludido muy de pasada en los primeros minutos del largo episodio (algo del todo incoherente) para dar inmediatamente rienda suelta a lo que al parecer interesa exclusivamente a los guionistas: el contarnos las vicisitudes de un antiguo soldado errante, Jeb Nolan (Grant Bowler), quien era tan sólo un crío cuando llegaron los Votans a la Tierra. Nolan ha adoptado a una joven extraterrestre de duro carácter, vehemente y poco sociable, que se convierte en la presentadora para el público de este mundo devastado. Cuando Nolan llega a Defiance, se hallará frente a familias enfrentadas, tanto humanas como aliens, que ocultan oscuros intereses, y habrá de actuar de mediador, muy a su pesar, para que la tensa situación en la ciudad se calme, llegando incluso a convertirse en el principal agente de la ley, el sheriff de Defiance.

Y es que "Defiance", a pesar de ser una serie de ciencia-ficción, presenta una estética por completo extrapolada del western (incluso el nombre de la ciudad (Desafío) suena a un pueblo fronterizo): las poderosas familias enemistadas, las diferentes razas (blancos/indios = humanos/votans), el regidor de la ciudad (en este caso, una alcaldesa cuyo objeto principal es mantener el orden y la paz) el sheriff, el saloon (donde, como en una del Oeste, hay igualmente trifulcas), y hasta la femme fatale que controla el lupanar de la ciudad... Un entorno disfrazado de futurista pero que alude a todas luces a la frontera norteamericana de mediados del siglo XIX.

En "Defiance", como sucede en cualquier serie de ciencia-ficción que se precie, los efectos especiales son una parte indiscutiblemente importante y en ocasiones hasta ciertamente espectaculares: las extrañas razas mutantes que Nolan encuentra en su periplo hacia Defiance o los hostiles seres a los que han de enfrentarse los habitantes de la ciudad (que aún no sabemos si son Votans renegados o qué (sigh)) cuentan con un detallismo impresionante y un aterrador aspecto que impone, pero, como ya he dicho en numerosas ocasiones en este blog, los rayos y los monstruos no sostienen una serie fantástica si esta no sabe contar lo que pretende ofrecer, y de momento, "Defiance", para mí, no ha sabido hacerlo.

A pesar de esta decepcionante intro que de poco sirve para atraer al público potencial, tengo que reconocer que de momento "Defiance" seguirá contando con una oportunidad por mi parte... Es posible -y hasta imperativo- que en los episodios siguientes se nos desvelen detalles que en el piloto han quedado por completo obviados. Sería una lástima que no fuera así, dado que creo que este show puede, si no convertirse en una serie referente de la ciencia-ficción televisiva, desarrollar elementos y personajes suficientemente atractivos ya a priori para que los aficionados la tengan en consideración conforme avance. Confiemos en ello.


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